Januká (חנוכה)

Enciclopedia de la historia y la cultura del pueblo judío, E. D. Z. Nativ Ediciones, Jerusalén 1999.

Fiesta fijada por los Jashmonaím en conmemoración de la liberación del Templo de Jerusalén de manos de los sirios helenizantes, su purificación y su reinauguración (164 a.e.c.). J. comienza el 25 de Kislev y continúa durante ocho días, de acuerdo a una de las tradiciones, en conmemoración de la vasija ritual que alimentó la menorá durante ocho días pese a contener sólo aceite para uno (Talmud de Babilonia, Shabat 21b).
La mitzvá (precepto) de la fiesta es encender velas en un candelabro de ocho brazos llamado janukiá; debe ser cumplida también por las mujeres, pues ellas participaron del milagro. Cada día se añade una vela, hasta completar ocho. El que enciende dice: "Bendito sea Dios que nos santificó con sus preceptos y nos ordenó encender las velas de Januká, que hizo milagros con nuestros antepasados en aquellos días en este tiempo". La primera noche se dice también la bendición Shehejeianu, es decir por estar vivos agradece en ese momento. Luego del encendido se recita Hanerot halalu y se canta Ma'oz Tzur. Se acostumbra a no realizar ninguna tarea mientras las velas arden. En ese momento la familia reunida come pasteles fritos en aceite. Se suele colocar las velas en la puerta de la casa del lado de afuera, o en la ventana que da a la calle, para que los transeúntes las vean y así difundir el milagro. Está prohibido hacer uso de su luz o de su fuego ni siquiera para encender otra vela. La ceremonia se efectúa a partir de la puesta del sol, y las velas deben arder por lo menos media hora. La mitzvá se cumple si el jefe de familia enciende una janukiá., pero en muchos hogares se acostumbra que cada hijo encienda la suya. En J. se acostumbra también a jugar con una perinola y dar a los niños regalos o dinero (dméi Januká).