Jashmonaím (חשמונאים: Asmoneos)

Enciclopedia de la historia y la cultura del pueblo judío, E. D. Z. Nativ Ediciones, Jerusalén 1999.

Familia de kohanim (sacerdotes) que estuvo al frente de la rebelión de los Makabim (Macabeos) y, una vez conseguida la independencia, gobernó lehudá (167-37 a.e.c.) hasta que ésta perdió su soberanía ante el poder romano. El principio de la dinastía está signado por el prestigio de la rebelión macabea, cuyos lideres fueron Matitiáhu y sus cinco hijos. El liderazgo de éstos y su total identificación con los objetivos de la guerra del pueblo aseguraron la victoria de Iehudá sobre la potencia sirio-griega gobernada por los seléucidas, permitiéndoles –gracias a la gradual disolución del reino sirio– convertirse de provincia autónoma en estado independiente. Dominaron la mayor parte de Éretz Israel y la reunificaron por medio de colonos judíos y la conversión al judaísmo de otros pueblos. Los judíos, que hasta entonces poblaban generalmente una sola provincia del país, volvieron a ser una nación numerosa, cuya rica vida cultural llamó la atención de otros pueblos e influyó en el desarrollo de la cultura humana. No obstante, desde el principio de la consolidación del estado, los gobernantes asmoneos adoptaron las costumbres de otros gobernantes de la época, sobre todo de las cortes reales helénicas: se apoyaron en un ejército mercenario, y trataron de reducir y frecuentemente de anular la influencia de los prushim (fariseos) y de otros sectores. Esta situación provocó luchas internas en el pueblo, las cuales, junto con las discordias surgidas en la misma dinastía de los asmoneos, debilitaron el poder de defensa del país. Por ello, cuando Roma, el nuevo y poderoso imperio, se propuso dominar la región, Iehudá cayó casi sin oponer resistencia.
El primer lider de la rebelión fue Matitiáhu, kohén de Modiín. Al fallecer, su hijo lehudá Ha-Makabi heredó el mando (166-161 a.e.c.). Sus aptitudes de liderazgo despertaron la admiración de sus soldados y lograron la victoria sobre el ejército seléucida. Iehudá destacó el valor del espíritu de combate e instruyó a su gente en el desplazamiento rápido en el terreno, la movilidad como factor determinante en la guerra, la resistencia y la osadía. Durante la rebelión conquistó el territorio de Iehudá, sitió la división siria en Jerusalén y reinauguró el profanado Templo. Victorioso en muchas batallas, halló la muerte en un combate al norte de Jerusalén. Lo reemplazó su hermano lonatán (161-142 a.e.c.), quien reunió a los combatientes y esperó el momento apropiado para continuar la lucha. Al producirse discordias internas en Siria salió del desierto con sus hombres, conquistó nuevamente Iehudá y amplió sus fronteras al oeste y al norte. Finalmente, los seléucidas tuvieron que reconocerlo como Gran Sacerdote. Ionatán fue asesinado por los sirios y su hermano Shimón lo sucedió (142-135 a.e.c.). Shimón continuó la ampliación de las fronteras de Iehudá en dirección a Ia costa. Después del reconocimiento de Iehudá como estado independiente, la asamblea del pueblo concedió a Shimón y a sus descendientes el cargo de Gran Sacerdote, Jefe Militar y Nasí (líder político). 
Luego de que Shimón fuera asesinado por su yerno Talmi (135 a.e.c.), tomó el poder su hijo lojanán Húrkanos (135-104 a.e.c.), quien se independizó totalmente de los sirios e incluso amplió las fronteras del país conquistando el Shomrón, el sur del Galil y partes de Guilad y Moav. Iojanán promovió la colonización judía en el Galil y al este del río lardén, y obligó a los idumeos a convertirse al judaísmo. En la época de su gobierno los asmoneos comenzaron a asimilarse culturalmente a los círculos helénicos. Testimonio de ello es el nombre griego Húrkanos que agregó a su nombre hebreo. El mismo camino siguieron sus hijos, conquistadores como él: lehudá Aristoblos y Alexander lanái. Iehudá Aristoblos (104-103 a.e.c.) conquistó el Galil y forzó a sus habitantes a convertirse al judaísmo. Fue el primero de los asmoneos que se adjudicó a sí mismo el título de rey. Después de su muerte, Alexánder lanái (103-76 a.e.c) llevó a cabo numerosas guerras de conquista –en la costa occidental, al este del Iardén y en el Néguev– pero se enemistó a tal punto con el pueblo que se desencadenó una guerra civil. Su viuda Shlomtzión o Shlomit Alexandra (76-67 a.e.c.) apaciguó a las masas y logró el acercamiento con la facción de los prushim. Durante su reinado cesó la expansión del reino.
La guerra civil entre los hijos de Shlomit Alexandra, Húrkanos II y Aristoblos II, posibilitó que Roma venciera a lehudá (63 a.e.c.). Roma destituyó a Húrkanos del reinado y lo nombró Nasí, y desde 47 a.e.c. le adjuntó un regente, función que cumplió Antipáter, anterior funcionario perteneciente al círculo de los conversos idumeos. La dinastía de Aristoblos intentó oponerse a los romanos y retomar el poder con ayuda de los partos, los gobernantes de Persia y Mesopotamia y otros enemigos de Roma. Ello hizo que Roma decidiera poner fin al gobierno de los asmoneos. Durante la invasión de los partos, éstos coronaron a Matitiáhu Antígonos (40-37 a.e.c.), último de los reyes de los asmoneos, pero al retirarse los partos, este gobierno fue anulado. Los romanos reconocieron como rey a Herodes, hijo de Antipáter (40 a.e.c.) y le permitieron conquistar el país (37 a.e.c.). Herodes se casó con Miriam, de la dinastía de los asmoneos, pero, acosado por sospechas de traición, persiguió a sus descendientes y hasta mandó ejecutar a su esposa e hijos.